Moquillo Canino

Moquillo Canino: Una Enfermedad Viral Devastadora y su Enfoque Integral

El moquillo canino, conocido en el ámbito científico como distemper canino, representa una de las enfermedades infecciosas más graves y multifacéticas que afectan a la población canina a nivel mundial. Causado por un virus de la familia Paramyxoviridae, género Morbillivirus, este patólogo posee una afinidad marcada por células epiteliales, linfoides y del sistema nervioso central, lo que explica la diversidad y gravedad de su presentación clínica. A pesar de la existencia de una vacuna moquillo altamente efectiva, la enfermedad sigue siendo un motivo frecuente de consulta en veterinario urgencias, especialmente en cachorros no vacunados o con esquemas incompletos, donde el pronóstico moquillo suele ser reservado y las secuelas moquillo pueden ser permanentes. Este artículo tiene como objetivo proporcionar una revisión exhaustiva, basada en la literatura veterinaria actual, sobre la etiología, patogenia, síntomas, diagnóstico, tratamiento y, lo más importante, la prevención de esta temible enfermedad.

Etiología y Epidemiología: Comprendiendo al Enemigo

El virus del moquillo canino (CDV, por sus siglas en inglés) es un virus envuelto de ARN de cadena simple, lo que le confiere una cierta inestabilidad genética y la capacidad de mutar. Esta característica ha permitido la emergencia de diversas cepas, algunas con mayor virulencia o tropismo por ciertos tejidos. El virus es relativamente lábil en el ambiente, siendo inactivado por la mayoría de los desinfectantes comunes, la luz solar y el calor. Sin embargo, en secreciones corporales y en ambientes fríos y húmedos puede mantenerse infeccioso por varias horas.

El contagio moquillo ocurre principalmente a través de la vía aerógena, por inhalación de partículas virales aerosolizadas provenientes de las secreciones respiratorias (estornudos, tos) de un animal infectado. El contacto directo con fluidos corporales (orina, heces, secreciones oculares) también es una ruta de transmisión relevante. Como señala Ettinger, Feldman y Côté (2017), "el virus del distemper canino tiene una distribución mundial y afecta a todos los miembros de la familia Canidae (perros, lobos, zorros), así como a mustélidos (hurones, visones), prociónidos (mapaches) y grandes felinos" (p. 945). Los perros de todas las edades son susceptibles, pero la enfermedad es más frecuente y severa en cachorro enfermo de entre 3 y 6 meses de edad, debido a la pérdida de la inmunidad maternal y a un sistema inmunológico aún inmaduro.

Patogenia: El Viaje del Virus en el Organismo

Tras la inhalación, el virus se replica inicialmente en el tejido linfoide asociado al tracto respiratorio y en los macrófagos alveolares. Desde allí, disemina a través de la sangre y la linfa (viremia) hacia los órganos linfoides primarios y secundarios (amígdalas, timo, bazo, ganglios linfáticos, médula ósea), causando una primera fase de linfopenia y supresión inmunológica. Esta inmunosupresión predispone al animal a infecciones bacterianas secundarias, que complican enormemente el cuadro clínico.

Una segunda viremia distribuye el virus a las células epiteliales de múltiples órganos: tracto respiratorio, gastrointestinal, urogenital, glándulas endocrinas, piel y, de manera crítica, al sistema nervioso central (SNC) y a la retina. La invasión del SNC puede ocurrir de forma aguda o, en algunos casos, meses o incluso años después de la infección inicial, dando lugar a la temida encefalitis del moquillo. La patogenia de las lesiones neurológicas es compleja e involucra tanto la acción directa del virus como mecanismos inmunomediados (Nelson & Couto, 2019, p. 1382).

Síntomas del Moquillo: Un Cuadro Clínico Multisistémico

Los síntomas moquillo son extraordinariamente variados, pudiendo simular otras enfermedades. Su presentación y severidad dependen de factores como la virulencia de la cepa, la edad del animal, su estado inmunológico y los órganos afectados. El curso de la enfermedad puede ser agudo, subagudo o crónico, y a menudo se presenta de forma bifásica.

Fase Inicial (Sistémica)

Tras un período de incubación de 1 a 3 semanas, los primeros signos suelen ser inespecíficos:

  • Fiebre bifásica: Un primer pico febril (39.5-40.5°C) a los 3-6 días post-infección, que puede pasar desapercibido, seguido de un segundo pico cuando el virus se disemina a los epitelios.
  • Decaimiento, anorexia y deshidratación.
  • Secreciones mucopurulentas: Conjuntivitis bilateral con descarga ocular verdosa y rinitis con descarga nasal serosa que evoluciona a mucopurulenta, obstruyendo las fosas nasales.
  • Síntomas respiratorios: Tos, disnea, neumonía (frecuentemente por infecciones bacterianas secundarias como Bordetella bronchiseptica).
  • Síntomas gastrointestinales: Vómitos, diarrea (que puede ser hemorrágica), lo que agrava la deshidratación y el desbalance electrolítico.

Fase Cutánea y Neurológica

Con el avance de la enfermedad, aparecen signos más característicos:

  • Hiperqueratosis de cojinetes plantares y trufa: Endurecimiento y engrosamiento de las almohadillas, un signo clásico pero no siempre presente.
  • Erupción cutánea pustular (pústulas del distemper): Menos común, en abdomen y región inguinal.
  • Síntomas neurológicos: Estos pueden aparecer concurrentemente con los signos sistémicos, semanas después, o incluso en animales que parecían haberse recuperado. Constituyen el mayor desafío para el tratamiento moquillo y definen en gran medida el pronóstico moquillo. Incluyen:
    • Mioclonías (contracciones rítmicas, involuntarias y persistentes de grupos musculares, típicamente de la cabeza o extremidades).
    • Convulsiones (focales o generalizadas).
    • Ataxia (incoordinación), paresia o parálisis.
    • Cambios de comportamiento, agresión, ceguera.
    • "Tics" o espasmos musculares.
    Como advierte Fossum (2018), "la encefalitis por moquillo es progresiva y, una vez que se manifiestan los signos neurológicos, el pronóstico es generalmente desfavorable, incluso con tratamiento de soporte agresivo" (p. 1567).
  • Compromiso ocular: Queratitis seca, ulceración corneal, coriorretinitis y neuritis óptica que lleva a ceguera irreversible.

Diagnóstico: Más Allá de la Sospecha Clínica

El diagnóstico del moquillo canino se basa en la integración de la historia (cachorro no vacunado, posible exposición), los signos clínicos (especialmente la combinación de síntomas respiratorios, gastrointestinales y neurológicos) y pruebas de laboratorio. No existe un solo test infalible.

  • Citología de Extensiones: La detección de cuerpos de inclusión intracitoplasmáticos en frotis de conjuntiva, tráquea, vejiga o en el "buffy coat" sanguíneo es altamente sugestiva, pero su sensibilidad es variable (Thrall et al., 2012, p. 412).
  • Serología: La medición de anticuerpos IgM (infección aguda) e IgG (infección crónica o vacunal) en suero y LCR puede ser útil, pero debe interpretarse con cautela en animales vacunados.
  • PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa): Es el método de elección para la confirmación antemortem. Puede realizarse en muestras de conjuntiva, hisopado nasal, sangre, orina o LCR. Una PCR positiva en LCR confirma la invasión neurológica.
  • Análisis de Líquido Cefalorraquídeo (LCR): En casos neurológicos, el LCR suele mostrar pleocitosis linfocítica y aumento de proteínas.
  • Diagnóstico Post-mortem: La histopatología de tejidos (pulmón, cerebro, estómago, vejiga) con demostración de cuerpos de inclusión eosinofílicos es diagnóstica.

Tratamiento del Moquillo: Un Enfoque de Soporte Intensivo

Es crucial entender que no existe un antiviral específico contra el virus del moquillo canino. Por lo tanto, el tratamiento moquillo es exclusivamente de soporte, sintomático y dirigido a prevenir y combatir las infecciones secundarias. La hospitalización en un veterinario urgencias o centro especializado es casi siempre necesaria para un cachorro enfermo grave.

Terapia de Soporte General

  • Fluidoterapia: Es la piedra angular para corregir la deshidratación, los desequilibrios electrolíticos y la acidosis metabólica. Se utilizan soluciones cristaloides balanceadas (Ringer Lactato, Solución Fisiológica).
  • Nutrición: El soporte nutricional es vital. En animales anoréxicos, se debe instaurar alimentación enteral forzada o, preferiblemente, mediante sonda nasogástrica o esofágica.
  • Antibióticos de Amplio Espectro: Se emplean para controlar las infecciones bacterianas secundarias (neumonía, enteritis). La elección debe basarse en cultivos y antibiogramas cuando sea posible. Según Plumb (2018), "la combinación de ampicilina/cefalosporina de primera generación con un aminoglucósido o una fluoroquinolona es comúnmente utilizada en neumonías complicadas" (p. 1123).
  • Broncodilatadores y Nebulizaciones: Para facilitar la respiración en casos de neumonía severa.

Manejo de los Síntomas Específicos

  • Anticonvulsivantes: Para el control de las convulsiones. El fenobarbital es de primera elección, pudiendo añadirse levetiracetam o bromuro de potasio en casos refractarios.
  • Control de las Mioclonías: Las mioclonías pueden responder parcialmente a benzodiacepinas (diazepam), fenobarbital o gabapentina, pero a menudo persisten como secuelas moquillo de por vida.
  • Limpieza de Secreciones: Limpieza frecuente de ojos y fosas nasales con suero fisiológico.
  • Lubricantes Oculares: Para tratar o prevenir la queratitis seca.
  • Antieméticos y Protectores Gástricos: Para controlar los vómitos (maropitant, metoclopramida) y proteger la mucosa gástrica (omeprazol, sucralfato).

Terapias Inmunomoduladoras y Antivirales Experimentales

El uso de interferón omega recombinante felino ha mostrado cierto beneficio en algunos estudios, al reducir la replicación viral y modular la respuesta inmune, aunque su eficacia no es absoluta (Nelson & Couto, 2019, p. 1385). La ribavirina, un antiviral de amplio espectro, tiene una ventana terapéutica muy estrecha y toxicidad significativa, por lo que su uso no está generalizado. La vitamina A y C se han propuesto como antioxidantes, pero su beneficio concreto no está bien establecido.

Pronóstico y Secuelas: La Herida Persistente

El pronóstico moquillo es siempre de reservado a grave. Depende fundamentalmente de la presencia y severidad de los signos neurológicos. Animales con síntomas exclusivamente respiratorios y gastrointestinales tienen una mayor probabilidad de recuperación con tratamiento intensivo. Sin embargo, la aparición de signos neurológicos empeora drásticamente el pronóstico. La mortalidad global en cachorros no tratados puede superar el 80%, y en aquellos con encefalitis, la eutanasia es un desenlace frecuente.

Las secuelas moquillo son comunes en los supervivientes y pueden incluir:

  • Mioclonías persistentes: La secuela neurológica más característica, que puede interferir con el descanso pero no necesariamente con la calidad de vida.
  • Epilepsia refractaria.
  • Déficits motores permanentes: Ataxia, paresia, parálisis.
  • Ceguera.
  • Alteraciones del esmalte dental: En cachorros que sufrieron la enfermedad durante la etapa de odontogénesis, presentando dientes con esmalte hipoplásico y quebradizo.
  • Encefalitis desmielinizante de aparición tardía ("Old Dog Encephalitis"): Un fenómeno raro que ocurre en perros mayores aparentemente inmunes, posiblemente por la reactivación de un virus latente.

Prevención: La Única Estrategia Verdaderamente Eficaz

La prevención del moquillo canino es absolutamente efectiva y se basa en un pilar fundamental: la vacuna moquillo. La vacunación es una de las intervenciones médicas más costo-efectivas en medicina veterinaria.

Esquema de Vacunación

Las vacunas contra el moquillo son atenuadas y forman parte del protocolo básico de inmunización en cachorros. El esquema recomendado por las guías internacionales (WSAVA) es el siguiente:

  • Primera dosis: A las 6-8 semanas de edad.
  • Refuerzos: Cada 2-4 semanas hasta que el cachorro cumpla las 16 semanas de edad (mínimo 3 dosis). Este protocolo es crucial para superar la interferencia de los anticuerpos maternales.
  • Refuerzo anual o trianual: Un refuerzo al año siguiente, y posteriormente cada 3 años o según las indicaciones del fabricante y el criterio veterinario basado en el riesgo epidemiológico.

Ettinger, Feldman y Côté (2017) enfatizan que "ningún cachorro debe considerarse completamente inmunizado hasta que haya recibido la dosis de vacuna administrada a las 16 semanas de edad o posterior" (p. 948).

Aislamiento y Cuarentena

Hasta que el esquema de vacunación esté completo, los cachorros deben evitar el contacto con perros de estatus vacunal desconocido, parques públicos, residencias caninas y tiendas de mascotas. Un animal diagnosticado con moquillo canino debe ser estrictamente aislado de otros perros para prevenir el contagio moquillo. El virus no sobrevive mucho en el ambiente, pero una limpieza y desinfección exhaustiva de las áreas contaminadas con productos virucidas (lejía diluida, amonios cuaternarios) es recomendable.

Inmunidad de Rebaño

La vacunación masiva de la población canina crea una "inmunidad de rebaño" que protege indirectamente a los animales que no pueden ser vacunados (por ejemplo, por enfermedades inmunosupresoras) y ayuda a erradicar la enfermedad de la comunidad.

Conclusión

El moquillo canino o distemper sigue siendo una amenaza real y letal para los perros en todo el mundo. Su presentación multisistémica, la gravedad de las complicaciones neurológicas y la ausencia de un tratamiento antiviral específico la convierten en una enfermedad temible. El diagnóstico requiere un alto índice de sospecha y el uso de herramientas de laboratorio como la PCR. El tratamiento moquillo es complejo, costoso, de soporte y, con frecuencia, frustrante cuando aparecen los signos del SNC, dejando a menudo secuelas moquillo permanentes que afectan la calidad de vida del animal.

Frente a este panorama, la prevención emerge con una claridad absoluta como la única estrategia infalible. Un protocolo de vacunación completo y oportuno, comenzando en la etapa de cachorro y manteniendo los refuerzos a lo largo de la vida del animal, es la medida más simple, económica y efectiva para proteger a nuestros compañeros caninos. La educación a los propietarios sobre la importancia de la vacuna moquillo y la necesidad de acudir de inmediato a un veterinario urgencias ante la sospecha de un cachorro enfermo son responsabilidades compartidas de la profesión veterinaria. En la lucha contra el moquillo canino, la vacunación no es una opción; es un imperativo ético y médico.

Referencias Bibliográficas

  • Ettinger, S. J., Feldman, E. C., & Côté, E. (2017). Textbook of Veterinary Internal Medicine (8th ed.). Elsevier.
  • Fossum, T. W. (2018). Small Animal Surgery (5th ed.). Elsevier.
  • Nelson, R. W., & Couto, C. G. (2019). Small Animal Internal Medicine (6th ed.). Elsevier.
  • Plumb, D. C. (2018). Plumb's Veterinary Drug Handbook (9th ed.). Wiley-Blackwell.
  • Thrall, M. A., Weiser, G., Allison, R. W., & Campbell, T. W. (2012). Veterinary Hematology and Clinical Chemistry (2nd ed.). Wiley-Blackwell.
  • Greene, C. E. (Ed.). (2012). Infectious Diseases of the Dog and Cat (4th ed.). Elsevier Saunders.
  • Sykes, J. E. (2022). Canine and Feline Infectious Diseases. Elsevier.