Gastroenteritis en perros: síntomas, causas y tratamiento

La leishmaniasis canina es una enfermedad parasitaria grave y de declaración obligatoria que representa un desafío significativo para la salud pública y veterinaria en Ecuador. Conocida popularmente como "úlcera de los perros", esta zoonosis transmitida por la picadura de un mosquito flebótomo infectado requiere un manejo responsable y conocimiento profundo por parte de los dueños de mascotas. En este artículo, desarrollado con un enfoque clínico y educativo, abordaremos todo lo que necesitas saber sobre la leishmaniasis en perros: desde su ciclo de vida y síntomas característicos hasta las opciones de manejo disponibles y, lo más importante, las estrategias de prevención efectivas adaptadas a nuestro entorno. Comprender esta patología es el primer paso para proteger a tu compañero canino y contribuir al control de esta enfermedad en nuestro país.

¿Qué es la Leishmaniasis Canina y Cómo se Transmite?

La leishmaniasis es una enfermedad causada por un parásito protozoario del género Leishmania. En Ecuador, la especie de mayor relevancia en perros es Leishmania infantum (sinónimo de L. chagasi), la cual es responsable de la forma visceral de la enfermedad, la más severa. El ciclo de transmisión es complejo y requiere de un vector: un pequeño insecto similar a un mosquito conocido como flebótomo o "arena". Cuando un flebótomo hembra pica a un animal o persona infectada, ingiere el parásito junto con la sangre. Dentro del insecto, el parásito se multiplica y, tras un período de desarrollo, puede ser transmitido a un nuevo huésped (como tu perro) en una picadura posterior. Es crucial entender que la leishmaniasis en perros no se contagia directamente de un perro a otro, ni de un perro a una persona, sino exclusivamente a través de la picadura del flebótomo infectado. La presencia de este vector está influenciada por factores ambientales como la humedad, temperatura y altitud, siendo áreas tropicales y subtropicales, incluyendo varias regiones de Ecuador, zonas de riesgo potencial.

Síntomas de la Leishmaniasis en Perros: Reconociendo las Señales

La leishmaniasis canina es una enfermedad de presentación muy variable, pudiendo manifestarse de forma cutánea (afectando la piel), visceral (afectando órganos internos) o de manera mixta. Los síntomas pueden aparecer semanas o incluso meses después de la picadura infectante, lo que dificulta el diagnóstico temprano. Los signos clínicos más comunes incluyen:

Síntomas Cutáneos y Generales

Dermatitis y lesiones en la piel: Es uno de los signos más frecuentes. Se observa pérdida de pelo (alopecia), especialmente alrededor de los ojos, orejas y nariz, dando la apariencia de "gafas". La piel puede volverse seca, escamosa y engrosada (hiperqueratosis), sobre todo en el hocico y las almohadillas plantares, que pueden agrietarse.
Úlceras que no cicatrizan: Heridas, especialmente en puntos de presión como codos y articulaciones, que no sanan adecuadamente.
Crecimiento anormal de las uñas (onicogrifosis): Las uñas se vuelven excesivamente largas, gruesas y quebradizas.
Linfadenomegalia: Aumento del tamaño de los ganglios linfáticos, palpable bajo la mandíbula, detrás de las rodillas o en la ingle.
Letargo y pérdida de peso: El perro muestra decaimiento, falta de energía y pierde peso a pesar de mantener su apetito, o incluso tenerlo aumentado en algunas fases.

Síntomas Viscerales y Oftálmicos

Atrofia muscular: Pérdida de masa muscular, notoria en la cabeza y las extremidades.
Signos oculares: Conjuntivitis, uveítis (inflamación dentro del ojo) y blefaritis (inflamación de los párpados).
Epistaxis: Sangrado nasal ocasional.
Insuficiencia renal: Es una de las complicaciones más graves y una causa común de muerte. Se manifiesta con aumento de la sed y la micción (poliuria y polidipsia), vómitos y anorexia.
Cojeera: Debido a inflamación articular (artritis).

Ante la presencia de cualquiera de estos síntomas, especialmente si son combinados, es imperativo acudir al médico veterinario para una evaluación exhaustiva. El diagnóstico temprano mejora significativamente las posibilidades de manejo de la enfermedad.

Diagnóstico de la Leishmaniasis: Pruebas Disponibles en Clínicas Veterinarias

El diagnóstico de la leishmaniasis canina no se basa en un solo síntoma, sino en la integración de la historia clínica, los signos observados y los resultados de pruebas de laboratorio específicas. Un veterinario en Ecuador, ante la sospecha de esta enfermedad, seguirá un protocolo que puede incluir:

Examen Clínico y Anamnesis Detallada

El primer paso es una revisión física completa, palpación de ganglios linfáticos y una conversación detallada contigo sobre el historial de salud de tu perro, sus hábitos y posibles exposiciones (viajes a zonas endémicas, por ejemplo).

Pruebas de Laboratorio Básicas y Específicas

Hemograma y Bioquímica Sanguínea: Para evaluar el estado general de salud, detectar anemia, alteraciones en proteínas y evaluar la función renal y hepática. Son hallazgos comunes la hiperglobulinemia (aumento de globulinas) y la hipoalbuminemia (disminución de albúmina).
Análisis de Orina: Esencial para detectar proteinuria (pérdida de proteínas por la orina), un marcador temprano de daño renal.
Pruebas Serológicas: Detectan anticuerpos contra Leishmania en la sangre del perro. El test de inmunofluorescencia indirecta (IFI) y los ensayos de inmunoabsorción ligado a enzimas (ELISA) son los más utilizados. Un resultado positivo indica exposición al parásito, pero debe correlacionarse con los síntomas.
Citologías y Biopsias: Tomar muestras de médula ósea, ganglio linfático, piel lesionada o bazo para observar al parásito directamente al microscopio (amastigotes dentro de las células). Es el método de diagnóstico definitivo.
PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa): Técnica molecular de alta sensibilidad que detecta el ADN del parásito en muestras de tejido o sangre. Es muy útil en casos con baja carga parasitaria o para confirmación.

La interpretación de estas pruebas debe ser realizada siempre por un profesional veterinario, quien podrá determinar no solo si el perro está infectado, sino también en qué fase se encuentra la enfermedad y qué órganos están afectados.

Tratamiento y Manejo de la Leishmaniasis Canina

Es fundamental comenzar este apartado con una aclaración crucial: la leishmaniasis canina no tiene una cura esterilizante definitiva con los tratamientos actuales. El objetivo del manejo terapéutico es controlar la infección, reducir la carga parasitaria, aliviar los síntomas clínicos, mejorar la calidad de vida del animal y, muy importante, disminuir el riesgo de que el perro actúe como reservorio y fuente de infección para los flebótomos. El tratamiento es complejo, de por vida y requiere un compromiso absoluto del dueño y un seguimiento veterinario estricto.

Fármacos Antileishmaniales y Protocolos

El protocolo más comúnmente empleado combina dos tipos de fármacos:
1. Antimoniales Pentavalentes: Como el antimoniato de meglumina. Se administran por inyección subcutánea o intramuscular en ciclos. Son efectivos pero pueden tener efectos secundarios como dolor en el sitio de inyección, anorexia y, en menor medida, toxicidad renal o hepática.
2. Alopurinol: Un medicamento oral que inhibe la replicación del parásito. Se suele usar como mantenimiento a largo plazo tras el ciclo inicial con antimoniales, o en combinación desde el inicio.

Otros fármacos como la miltefosina (oral) o la anfotericina B liposomal (intravenosa) pueden considerarse en protocolos alternativos según el caso y la disponibilidad. La elección del tratamiento, las dosis y la duración deben ser establecidas exclusivamente por el veterinario tratante, quien monitorizará la respuesta y ajustará el plan según la evolución.

Manejo de Soporte y Control de Complicaciones

El tratamiento específico debe ir acompañado de un manejo de soporte dirigido a los órganos afectados:
Apoyo Renal: Dietas veterinarias específicas bajas en fósforo y proteínas de alta calidad, suplementos de omega-3, y fármacos protectores renales si son necesarios.
Cuidado de la Piel: Champús y lociones emolientes o medicados para aliviar la sequedad y las lesiones cutáneas.
Control del Dolor: En casos de artritis.
Suplementación Nutricional: Para contrarrestar la pérdida de peso y condición corporal.

Los controles veterinarios periódicos (cada 3-6 meses) con análisis de sangre y orina son indispensables para evaluar la eficacia del tratamiento y detectar precozmente cualquier recaída o progresión de la enfermedad, especialmente la afectación renal.

Prevención: La Piedra Angular en el Control de la Leishmaniasis

Dada la cronicidad y complejidad del tratamiento, la prevención es, sin duda, la estrategia más importante y efectiva para proteger a los perros en Ecuador. Un plan de prevención integral combina varias herramientas:

Repelentes y Insecticidas de Larga Duración

El pilar fundamental es evitar la picadura del flebótomo. Para ello, se deben utilizar productos repelentes e insecticidas autorizados para perros:
Collares Scalibor® o Seresto®: Proporcionan protección de larga duración (hasta 6-8 meses) repeliendo y matando a los flebótomos. Su uso continuo es altamente recomendado en zonas de riesgo.
Pipetas Spot-On: Productos en solución para aplicar en la piel del lomo del perro, con efecto mensual. Algunas combaten también pulgas y garrapatas.
Sprays Repelentes: Útiles para aplicar antes de paseos en horas de mayor actividad del flebótomo (atardecer y amanecer).

Consulta con tu veterinario cuál es el producto más adecuado para tu perro según su peso, edad y estilo de vida.

Vacunación contra la Leishmaniasis

En Ecuador, está disponible una vacuna contra la leishmaniasis canina. Su objetivo es estimular la respuesta inmune celular del perro para que, en caso de ser picado por un flebótomo infectado, su organismo pueda combatir la infección de manera más eficiente, reduciendo el riesgo de desarrollar la enfermedad clínica. Es importante destacar que:
• La vacuna NO reemplaza el uso de collares o pipetas repelentes. Ambas medidas son complementarias.
• Solo puede administrarse a perros mayores de 6 meses que resulten negativos en una prueba serológica previa.
• Requiere un protocolo inicial de dos o tres dosis y revacunación anual.
• La decisión de vacunar debe tomarse tras una valoración veterinaria individual.

Medidas Ambientales y de Manejo

Evitar paseos al amanecer y atardecer en épocas de mayor calor y humedad, cuando los flebótomos son más activos.
Utilizar mosquiteros de malla fina (los flebótomos son muy pequeños) en ventanas y puertas de la casa.
Mantener el entorno limpio, eliminando materia orgánica en descomposición (hojas, basura) donde puedan criarse las larvas del flebótomo.
Educación comunitaria: La concientización sobre la enfermedad entre los dueños de mascotas es vital para un control poblacional efectivo.

Pronóstico y Calidad de Vida de un Perro con Leishmaniasis

El pronóstico de un perro diagnosticado con leishmaniasis depende de múltiples factores: la fase en la que se detecta la enfermedad, la gravedad de los síntomas (especialmente la presencia y grado de afectación renal), la respuesta individual al tratamiento y el compromiso del dueño con el manejo a largo plazo. Perros diagnosticados tempranamente, antes de que se establezca un daño renal irreversible, y que reciben un tratamiento y seguimiento adecuados, pueden alcanzar una remisión clínica y disfrutar de una buena calidad de vida durante años. Sin embargo, requieren vigilancia de por vida, ya que las recaídas son posibles. La comunicación constante con el veterinario es clave para adaptar el plan terapéutico a las necesidades cambiantes del animal.

La Importancia del Control Veterinario Regular

Incluso para perros aparentemente sanos en zonas de riesgo, las visitas periódicas al veterinario son una oportunidad para la detección precoz. Un chequeo anual que incluya un examen físico completo y, según la valoración del profesional, pruebas serológicas de screening, puede identificar infecciones subclínicas (perros infectados pero sin síntomas), permitiendo iniciar medidas de monitorización o manejo proactivo. Esta práctica responsable beneficia no solo a tu mascota, sino que contribuye a la salud pública al reducir el reservorio del parásito en la comunidad.

Información para Dueños Responsables: Mitos y Realidades

Alrededor de la leishmaniasis circulan muchos mitos que generan confusión y ansiedad. Aclaremos algunos:
Mito: "Si mi perro tiene leishmaniasis, mi familia y yo nos vamos a contagiar".
Realidad: El contagio directo de perro a humano es extremadamente raro. La principal vía de infección humana también es la picadura del flebótomo infectado. Un perro enfermo es un reservorio, por lo que controlar la enfermedad en él y prevenir picaduras en el hogar protege a todos.
Mito: "Es una sentencia de muerte, no hay nada que hacer".
Realidad: Con los protocolos modernos de tratamiento y seguimiento, muchos perros logran una vida larga y con buena calidad. El manejo es crónico, pero efectivo.
Mito: "Solo les da a perros que viven en el campo o la costa".
Realidad: Los flebótomos pueden encontrarse en diversos entornos, incluidos parques urbanos. El cambio climático y el movimiento de animales están modificando las zonas de riesgo.

La leishmaniasis en perros es un tema de salud seria que demanda atención y acción por parte de los dueños en Ecuador. La combinación de prevención (con repelentes y vacunación bajo consejo veterinario), detección temprana (mediante observación y chequeos) y un manejo veterinario responsable en caso de diagnóstico, son los pilares para enfrentar este desafío. Proteger a tu perro de esta enfermedad es un acto de cuidado profundo que requiere información veraz y el apoyo constante de profesionales de la salud animal. Si resides en una zona con presencia reportada del vector o planeas viajar con tu mascota, consulta con tu clínica veterinaria de confianza para diseñar un plan de protección adaptado a las necesidades específicas de tu compañero canino y a las características de nuestro entorno ecuatoriano.

La evaluación clínica del paciente felino con sospecha de enfermedad renal crónica (ERC) requiere un enfoque integral que va más allá de los parámetros bioquímicos convencionales. La creatinina sérica, aunque ampliamente utilizada, es un marcador tardío de la pérdida de función renal, ya que su elevación significativa solo se manifiesta cuando se ha perdido aproximadamente el 75% de la masa nefronal (Bartges, 2022). Este retraso en el diagnóstico subraya la necesidad de incorporar herramientas más sensibles y específicas en la práctica diaria. La medición de la presión arterial sistólica es un componente crítico de esta evaluación, dado que la hipertensión sistémica es una consecuencia y complicación frecuente de la ERC en gatos, pudiendo contribuir a un mayor daño renal y a la afectación de órganos diana como los ojos, el corazón y el sistema nervioso central (Bartges, 2022). El análisis urinario completo, incluyendo la determinación de la densidad urinaria, la evaluación del sedimento y la medición de la proteinuria, proporciona información invaluable. Una densidad urinaria persistentemente isostenúrica (<1.035) en un gato que no recibe fluidoterapia sugiere una pérdida de la capacidad de concentración renal (Bartges, 2022). La proteinuria, cuantificada mediante el índice proteína:creatinina urinario (UPC), es un hallazgo de gran relevancia pronóstica. La presencia de proteinuria persistente en gatos con ERC se asocia con una progresión más rápida de la enfermedad y una menor supervivencia, actuando como un marcador de daño glomerular (Bartges, 2022). La detección de cilindros granulares o de otros tipos en el sedimento urinario puede indicar la existencia de una nefritis tubulointersticial activa (Bartges, 2022). El manejo nutricional es una piedra angular del tratamiento de la ERC felina. La implementación de una dieta terapéutica formulada específicamente para el soporte renal puede modificar favorablemente el curso de la enfermedad. Estas dietas se caracterizan típicamente por un contenido restringido pero de alta calidad de fósforo y proteína, lo que ayuda a mitigar la hiperfosfatemia y reducir la producción de toxinas urémicas, respectivamente (Bartges, 2022). La restricción de fósforo es particularmente crucial, ya que la hiperfosfatemia promueve la progresión de la enfermedad a través de la mineralización tisular patológica y la estimulación de la hormona paratiroidea (PTH) (Bartges, 2022). Además, estas formulaciones suelen estar suplementadas con ácidos grasos omega-3, potasio, vitaminas del complejo B y ser alcalinizantes, abordando así múltiples alteraciones metabólicas comunes en la uremia (Bartges, 2022). El control de la hipertensión sistémica y la proteinuria mediante fármacos como los bloqueadores de los canales de calcio o los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) es otro pilar terapéutico fundamental. La reducción de la presión arterial y la proteinuria no solo protege los órganos diana, sino que también puede ralentizar la tasa de deterioro de la función renal (Bartges, 2022). La monitorización periódica del paciente, incluyendo evaluaciones seriadas de la presión arterial, el UPC, la bioquímica sérica y el estado de hidratación, es esencial para ajustar el plan terapéutico y evaluar la respuesta individual del paciente al tratamiento instaurado (Bartges, 2022).
Comentario clínico

Dr. Luis Arturo García – Médico Veterinario

La dermatitis alérgica por picadura de pulga (DAPP) es una de las dermatopatías más frecuentes en la clínica de pequeños animales. Es fundamental comprender que la reacción se debe a un componente antigénico presente en la saliva de la pulga, lo que desencadena una respuesta de hipersensibilidad en el paciente. El prurito intenso, a menudo focalizado en la región dorso-lumbar, base de la cola y abdomen posterior, es el signo cardinal, pudiendo derivar en lesiones secundarias como alopecia, eritema y piodermia.
Dr. Luis Arturo García, Médico Veterinario
Dr. Luis Arturo García

Referencias:
Baneth, G., Koutinas, A. F., Solano-Gallego, L., Bourdeau, P., & Ferrer, L. (2008). Canine leishmaniosis – new concepts and insights on an expanding zoonosis. Trends in Parasitology, 24(7), 324-330.
Miró, G., López-Vélez, R., & Molina, L. (2022). Leishmaniosis canina: guías prácticas de diagnóstico, tratamiento y prevención. Revista AVEPA, 42(2), 78-95.
Organización Mundial de la Salud (OMS) & Organización Panamericana de la Salud (OPS). (2020). Leishmaniasis en las Américas: Recomendaciones para el diagnóstico y tratamiento. Informe Técnico.
Solano-Gallego, L., Koutinas, A., Miró, G., Cardoso, L., Pennisi, M. G., Ferrer, L., ... & Baneth, G. (2011). Directions for the diagnosis, clinical staging, treatment and prevention of canine leishmaniosis. Veterinary Parasitology, 180(1-2), 1-13.