Criptorquidia en Perros
Criptorquidia en Perros: Definición, Riesgos y Abordaje Quirúrgico
La criptorquidia es una de las anomalías congénitas más comunes en el sistema reproductor del macho canino, representando un desafío clínico que va más allá de la simple esterilidad. Como condición en la que uno o ambos testículos no descienden al escroto, su correcto diagnóstico y manejo son cruciales para prevenir complicaciones graves, como la transformación neoplásica. Este artículo ofrece una revisión exhaustiva, basada en la literatura veterinaria actual, dirigida tanto a profesionales de la salud animal como a dueños de mascotas responsables, abordando desde la definición y herencia hasta los detalles de la cirugía de criptorquidia y la importancia de la castración preventiva.
Definición y Clasificación de la Criptorquidia
La criptorquidia se define como el fracaso del descenso de uno o ambos testículos desde la cavidad abdominal, donde se desarrollan, hasta su ubicación normal en el escroto. Este descenso debería completarse típicamente en las primeras semanas de vida, generalmente entre las 6 y 16 semanas de edad (Johnston, Root Kustritz & Olson, 2001, p. 287). Cuando un cachorro alcanza los seis meses de edad, se considera que los testículos que no son palpables en el escroto son criptórquidos.
Terminología Específica
Es fundamental comprender la terminología precisa para un diagnóstico correcto:
- Criptorquidia Unilateral: Es la forma más frecuente, donde solo un testículo no ha descendido. El perro es fértil, pero portador del defecto genético.
- Criptorquidia Bilateral: Ambos testículos no descienden. Estos perros son estériles debido a que la temperatura corporal alta inhibe la espermatogénesis (Feldman & Nelson, 2004, p. 2214).
- Perro Monórquido: Término clínico para un perro con un solo testículo descendido. Es crucial recordar que el término no implica la ausencia congénita del otro testículo (anorquia), sino que este es criptórquido y debe ser localizado y extirpado.
- Testículo Retenido: Puede estar retenido en cualquier punto del trayecto de descenso: abdominal (cerca del riñón), inguinal (en el canal inguinal) o prepúbico (justo fuera del anillo inguinal).
Etiología y Herencia: Un Trastorno con Base Genética
La causa de la criptorquidia es multifactorial, pero el componente hereditario es el más significativo y ampliamente aceptado. Se considera un trastorno autosómico recesivo, posiblemente influenciado por múltiples genes o factores poligénicos, con una expresión limitada al sexo (Schaefers-Okkens, 2018, p. 156). Esto significa que el gen defectuoso se transmite de padres a hijos, y aunque las hembras pueden ser portadoras, solo los machos manifiestan la condición.
La evidencia de su naturaleza hereditaria es sólida. Estudios demuestran una mayor incidencia en ciertas razas, como Yorkshire Terrier, Pomeranian, Caniche, Schnauzer Miniatura, Chihuahua y Braco Alemán, entre otras (Ettinger, Feldman & Côté, 2017, p. 1895). Debido a este fuerte componente genético, la recomendación ética y médica unánime es que ningún perro criptórquido, unilateral o bilateral, debe ser utilizado para la cría. Incluso los machos unilaterales, aunque fértiles, transmitirán el defecto a su descendencia, perpetuando el problema en la población canina.
Diagnóstico: Más Allá de la Palpación
El diagnóstico comienza con un examen físico minucioso realizado por un veterinario. En cachorros jóvenes, la palpación del escroto puede ser complicada debido al pequeño tamaño. Se recomiendan exámenes seriados a partir de las 6-8 semanas de vida.
Métodos de Localización del Testículo No Descendido
Cuando la palpación no es concluyente, especialmente en perros obesos o con testículos abdominales, se requieren técnicas de diagnóstico por imagen:
- Ecografía (Ultrasonografía): Es la herramienta de elección. Permite localizar testículos inguinales o abdominales, diferenciándolos de estructuras como ganglios linfáticos o nódulos de grasa. Un testículo retenido suele ser más pequeño y menos ecogénico que uno escrotal normal (Mattoon & Nyland, 2015, p. 632).
- Medición de Hormonas: En casos raros de sospecha de anorquia (ausencia verdadera de testículos), se puede medir la concentración basal de testosterona o su respuesta a una estimulación con GnRH o hCG. Un aumento significativo de testosterona indica la presencia de tejido testicular funcional.
Es imperativo descartar otras condiciones, como testículos "en ascensor" (que migran entre el escroto y el canal inguinal) o la castración previa, antes de confirmar el diagnóstico de criptorquidia.
Riesgos y Complicaciones: La Imperiosa Necesidad de la Intervención
La criptorquidia no es un problema meramente cosmético. La ubicación anormal del testículo lo expone a la temperatura corporal central, que es aproximadamente 2-4°C más alta que la temperatura escrotal. Este ambiente térmico inadecuado desencadena una cascada de cambios patológicos que conllevan riesgos graves.
1. Neoplasia (Tumor Testicular)
Este es el riesgo más severo y ampliamente documentado. Los testículos criptórquidos tienen una probabilidad 13.6 veces mayor de desarrollar tumores en comparación con los testículos escrotales normales (Nelson & Couto, 2019, p. 1021). El tumor de células de Sertoli es el más frecuente en testículos retenidos, seguido por el seminoma y el tumor de células intersticiales (de Leydig). Estos tumores pueden ser productores de hormonas, causando signos sistémicos como alopecia bilateral simétrica, hiperpigmentación, ginecomastia (desarrollo de glándulas mamarias en el macho) y atracción de otros machos, debido a la secreción de estrógenos. Lo más crítico es que la torsión del cordón espermático de un testículo abdominal tumorizado es una urgencia quirúrgica dolorosa y potencialmente mortal.
2. Torsión del Cordón Espermático
El testículo retenido, especialmente el abdominal, tiene una mayor movilidad y un cordón espermático más largo, lo que lo predispone a torcerse sobre su eje. La torsión corta el suministro sanguíneo, causando un dolor abdominal agudo, severo, shock y un cuadro de "abdomen agudo" que requiere cirugía inmediata (Fossum, 2018, p. 755).
3. Trastornos Hormonales y de Comportamiento
Además de los inducidos por tumores, los testículos retenidos pueden producir hormonas de manera anómala, contribuyendo a trastornos de la conducta como monta excesiva, agresividad por dominancia o marcaje.
4. Mayor Riesgo de Traumatismo y Hernias
Un testículo inguinal es más susceptible a traumatismos directos. Además, la persistencia del conducto peritoneo-vaginal (que normalmente se cierra tras el descenso) puede predisponer a la formación de hernias inguinales, donde asas intestinales pueden protruir y estrangularse.
Dada esta elevada morbilidad, la intervención no es opcional. La castración preventiva es el único tratamiento recomendado y ético.
Cirugía de Criptorquidia: Técnica y Consideraciones Quirúrgicas
La cirugía, denominada orquiectomía (castración) del testículo retenido, es el tratamiento definitivo. No se debe intentar la orquiopexia (fijación del testículo en el escroto) en perros, ya que no corrige el defecto genético, no reduce el riesgo de neoplasia y perpetúa un gen defectuoso en la población.
Planificación Preoperatoria
Antes de la cirugía de criptorquidia, es esencial:
- Localización precisa: Determinar mediante ecografía si el testículo es abdominal o inguinal para planificar el abordaje quirúrgico.
- Examen preanestésico: Incluye hemograma, perfil bioquímico y, en perros mayores o de razas predispuestas, evaluación cardíaca.
- Comunicación con el propietario: Explicar los riesgos anestésicos y quirúrgicos, enfatizando la necesidad de explorar toda la cavidad abdominal si el testículo no se encuentra en la ubicación esperada.
Técnica Quirúrgica
El abordaje depende de la localización del testículo:
- Testículo Inguinal o Prepúbico: Se realiza una incisión cutánea sobre el anillo inguinal externo palpado. Se diseca el tejido subcutáneo para localizar el testículo, que suele estar envuelto en tejido adiposo. Se liga el cordón espermático (que contiene el conducto deferente, arteria, vena y nervio) de manera segura y se extirpa el testículo (Fossum, 2018, p. 748).
- Testículo Abdominal: Requiere una laparotomía (apertura de la cavidad abdominal). El abordaje más común es mediante una incisión en la línea media prepúbica. El testículo puede localizarse cerca del polo caudal del riñón (su lugar de desarrollo embrionario) o a lo largo del trayecto del conducto inguinal. La exploración metódica es clave. El testículo abdominal suele ser más pequeño, blando y de color oscuro comparado con uno normal (Boothe, 2017, p. 411). Tras la localización, se liga el cordón espermático a nivel abdominal y se extrae el testículo.
En todos los casos, se recomienda enviar el tejido testicular extirpado para análisis histopatológico, independientemente de su apariencia macroscópica, para descartar cambios preneoplásicos o neoplásicos tempranos.
Cuidados Postoperatorios y Pronóstico
El postoperatorio es similar al de una castración rutinaria, aunque puede ser más doloroso en los casos abdominales. Se incluyen:
- Analgesia multimodal (opioides, AINEs).
- Uso de collar isabelino para evitar el lamido de la herida.
- Restricción de ejercicio durante 10-14 días.
- Control de la inflamación y monitorización de la cicatrización.
El pronóstico tras una orquiectomía completa es excelente. Se elimina por completo el riesgo de torsión y se reduce drásticamente el riesgo de neoplasia a futuro. El perro ya no transmitirá el gen de la criptorquidia.
Conclusión y Recomendaciones para Dueños
La criptorquidia es una condición seria que requiere un manejo veterinario proactivo. Para los dueños de un cachorro macho, las recomendaciones son claras:
- Verificación temprana: Confirmar la presencia de ambos testículos en el escroto a partir de las 8 semanas y en cada visita veterinaria.
- No esperar: Si a los 6 meses de edad un testículo no ha descendido, se debe programar la consulta con el veterinario para el diagnóstico y planificación de la cirugía.
- Entender la urgencia relativa: La cirugía es electiva pero no debe postergarse más allá de los 12-18 meses de edad para minimizar riesgos oncológicos.
- Comprometerse con la castración: Aceptar que la castración (extirpación de ambos testículos) es el único tratamiento responsable, tanto para la salud del perro como para la salud genética de la raza.
- Informar al criador: Comunicar el diagnóstico al criador de origen es un acto de responsabilidad, ya que les permite reevaluar su programa de cría y evitar cruces que produzcan este defecto.
Para la comunidad veterinaria, el rol es educar, diagnosticar con precisión e intervenir quirúrgicamente de manera temprana y completa, asegurando el bienestar a largo plazo del paciente y contribuyendo a la salud colectiva de las poblaciones caninas.
Referencias Bibliográficas
- Boothe, H. W. (2017). Testes and Epididymis. In T. W. Fossum (Ed.), Small Animal Surgery (5th ed., pp. 408-415). Elsevier.
- Ettinger, S. J., Feldman, E. C., & Côté, E. (2017). Textbook of Veterinary Internal Medicine (8th ed., Vol. 2). Elsevier.
- Feldman, E. C., & Nelson, R. W. (2004). Canine and Feline Endocrinology and Reproduction (3rd ed.). Saunders.
- Fossum, T. W. (2018). Small Animal Surgery (5th ed.). Elsevier.
- Johnston, S. D., Root Kustritz, M. V., & Olson, P. N. S. (2001). Canine and Feline Theriogenology. Saunders.
- Mattoon, J. S., & Nyland, T. G. (2015). Small Animal Diagnostic Ultrasound (3rd ed.). Elsevier.
- Nelson, R. W., & Couto, C. G. (2019). Small Animal Internal Medicine (6th ed.). Elsevier.
- Schaefers-Okkens, A. C. (2018). Reproductive Disorders. In M. J. Day, A. D. Gruffydd-Jones, & J. M. W. (Eds.), BSAVA Manual of Canine and Feline Clinical Pathology (3rd ed., pp. 151-160). British Small Animal Veterinary Association.